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Luces y sombras del tren universitario

En el tren universitario viajan estudiantes pero también usuarios comunes y otros que llegan de zona sur a la Estación de Trenes de La Plata y lo usan para llegar al Policlínico San Martin

Por Ezequiel Simonelli

Alrededor de mil personas usan por día el tren que enlaza 13 facultades de la UNLP en la zona del Paseo del Bosque. Es un mínimo porcentaje de la población estudiantil que abarca su recorrido. Va desde la Estación de Trenes en 1 y 44 hasta el Policlínico San Martin en 1 y 72. Un ida y vuelta en el tren más juvenil de la Ciudad, que no sólo es usado por los universitarios

En 1997, Jean-Jacques Annaud, el director de Siete años en el Tíbet, eligió este preciso lugar para una escena: la estación de trenes de 1 y 44. En la película, el personaje de Brad Pitt partía desde la Austria Nazi para emprender su aventura por el Himalaya. Aquí sin embargo, 18 años más tarde, son las 7:30 de la mañana y cientos de estudiantes esperan como todos los días llegar a sus facultades. Menos magia y más realismo. El tren universitario enlaza 13 facultades de la Universidad Nacional de La Plata. Y tarda 20 minutos en completar su recorrido. A diario, lo toman alrededor de mil pasajeros. Casi todos: jóvenes carpeta en mano.

Como Pablo, a quien la mochila le rebota en la espalda, que escuchó la bocina y desde diagonal 80 viene corriendo a toda velocidad. Perder el tren significará faltar a clase. “Lo tomo cuando lo engancho. A veces no me coincide con los horarios de cursada”, dice -todavía agitado- este joven que alcanza a subir con el último aliento.

Pero no todos tienen la misma suerte que Pablo. Para tomar el tren universitario, y llegar a destino a tiempo, habrá que conocer de memoria los horarios de partida. Con salidas programadas cada una hora aproximadamente, la frecuencia resulta escasa para las demandas del estudiantado. El hecho de que exista una sola vía en gran parte del recorrido, obliga a prestar el servicio apenas con un tren. Esta limitación entorpece y restringe su uso.

Para varios será el segundo tren que tomen en el día. Los principales usuarios de este servicio arriban desde Berazategui, City Bell, Ringuelet y Tolosa. Algunos, incluso, desde Capital Federal. Muchos de ellos tienen un sueño en común: quieren ser profesionales. Pero no todos los que lo utilizan son estudiantes: también viajan familias y jubilados hasta el final del recorrido para atenderse en el Hospital Policlínico General San Martín, el centro de salud de alta complejidad con alcance provincial.

En los 20 minutos que dura el trayecto, el tren recorrerá una distancia de 4,6 kilómetros para llegar hasta el Hospital. Muchos descenderán en las 5 paradas intermedias, ubicadas en el trayecto que incluye 13 facultades de un total de 17. A saber: Odontología, Ingeniería, Exactas, Arquitectura, Informática, Psicología, Humanidades, Astronómicas, Naturales, Medicina, Agronomía, Veterinaria y Periodismo, además de varios Institutos de Investigación de pertenencia UNLP/CONICET y otros establecimientos educacionales de nivel inicial y medio.

Según un informe realizado por la Secretaría de Planeamiento, Obras y Servicios de la UNLP, más de 60.000 estudiantes cursan en las facultades ubicadas en las proximidades al Paseo del Bosque, donde también se ubican otros equipamientos urbanos significativos como el Museo, Zoológico, Observatorio, Planetario y el Teatro del Lago.

Si bien la universidad no cuenta con un sistema de relevamiento del porcentaje de alumnos que utiliza el servicio, la cuenta -a groso modo- es sencilla. De toda esa gran masa de alumnos regulares que transitan la zona, unos mil estarían utilizando el tren universitario para llegar a destino. Es decir, apenas el 1,6 por ciento aproximadamente.

El viaje

Tras cruzar diagonal 80 y bordear el Hipódromo, en dos minutos de reloj el tren llega a su primera parada: la facultad de Arquitectura. Los siete estudiantes que bajaron, y que en breve estarán analizando obras de Le Corbusier o esbozando sus propios proyectos, no alcanzan para descomprimir una formación que continúa camino por el bosque entre robles, ombúes y álamos. En este tramo, la fragancia de los eucaliptos depura y renueva el aire del amontonamiento. Por la ventana se pueden ver a los amantes de la vida sana que -a las siete y media de la mañana- salieron a realizar su rutina diaria de running.

Si va a subirse a este tren, es preferible que haya desayunado, que tenga aliento fresco y una libreta a mano si lo que necesita es tomar apuntes. Acá no encontrará la promoción de obleas, ni los tres paquetes de chicles por diez pesos, ni las oportunidades para “la cartera de la dama, o para el bolsillo del caballero”; a bordo del tren universitario no viajan vendedores.

“Acá no te encontrás con gente que sale caliente del laburo ni con el quilombo. Este tren, comparado con los que estuve trabajando durante 17 años, es el día y la noche” dice el encargado de la seguridad del tren. “En Haedo me tocó ver gente subirse al tren con un poni”, agrega.

Tampoco viajan barrabravas, beodos, ni gente con bicicletas. Los pasajeros, que pagaron un boleto único (tarifa plana) de $1.50 con tarjeta SUBE, revisan sus celulares, leen y quienes se encuentran con un conocido conversan sin molestar. Si no fuera porque hay gente que viaja parada -aunque el trecho sea corto- la postal sería la de un tren de larga distancia.

“La tarifa del boleto es simbólica. Es un servicio subsidiado, como todos los del servicio ferroviario”, explica a EL DIA el arquitecto Diego Delucchi, prosecretario de Planeamiento, Obras y Servicios de la UNLP y máximo referente del servicio desde su inicio. “La tarifa cubre un 20% del costo que genera poner el tren en funcionamiento”, agrega.

Sobre los inicios del servicio, Delucchi recuerda que las gestiones comenzaron hace más de 5 años. “Nosotros fuimos los autores del proyecto y lo impulsamos pero el manejo formal lo tiene el ministerio de Interior y Transporte de la Nación”, explica.

En Informática, además de algunos jóvenes que podrían haber aprobado el casting de “The Big Bang Theory”, descienden los estudiantes de Humanidades a los que la facultad les queda a dos cuadras. Entre ellos Silvio, el dueño del locutorio de la estación, que está yendo a cursar el Profesorado de Matemática.

“Tengo la idea de poder recibirme y dar clases en Misiones”, cuenta Silvio antes de bajar en búsqueda de ese sueño.

El vagón se descongestiona de un momento a otro. Desde ahora y hasta el final del recorrido todos viajarán sentados. Quedarán libres algunos de los 72 asientos con los que cuenta la formación. Todavía restan tres detenciones.

Cuando se inauguró el tren universitario, en 2013, el “Tecnotren” era el encargado de hacer el recorrido. El flamante vehículo, de origen nacional y pintoresco por cierto -con capacidad para 150 personas- funcionaba con un motor de Fiat Duna 1.7 y se rompía casi día por medio. Por las repetidas fallas, se decidió darlo de baja.

“Ese coche era una cascarita de nuez”, dice Francisco Manuel, un ex ferroviario y una eminencia en trenes. “Este que se usa ahora tiene más de 60 años, pero es un espectáculo. No se rompe nunca”, agrega.

“Para mí, el Tecnotren andaba bien”, dice Delucchi y explica: “el problema fundamental era que había un solo coche. Se rompía y como no había reserva salía de servicio. Ahora hay dos coches”. En Remedios de Escalada está el taller de reparación donde se guarda la segunda locomotora. Cuando se rompe uno, llega el otro en media hora y el que queda parado se arregla. “De este modo, no se interrumpe el servicio, que es lo fundamental”, dice el funcionario.

El que funciona en la actualidad, es un coche motor Nohab, de origen portugués modelo 49. Sí, del año 1949. Trabaja con dos motores Scania de 6 cilindros -cuando arranca suena a camión- y consume 105 litros de gasoil por día. Por fuera, pintado de celeste y blanco y con la insignia de “Trenes Argentinos” parece cero kilómetro. En su interior, asientos de pana azul, paredes de fórmica blanca y pinturas barrocas evocan la edad de oro de los ferrocarriles, y se mantiene impecable.

“No le hacemos nada. Revisamos el aceite, cargamos combustible y listo”, dice Roberto, uno de los mecánicos

En cada salida, además del maquinista, viajan a bordo su ayudante, un guarda, una persona encargada de la seguridad y un mecánico. A su vez, 14 banderilleros por cada turno estarán atentos a cortar el tránsito cuando la formación pase por diagonal 80, calle 52, 60, 64, 66, diagonal 73 y calle 1. Hay semáforos sonoros que indican el paso de la formación, pero también hay negligencia por parte de los automovilistas.

“El costo que tiene este tren es de funcionamiento y los sueldos del personal. Trabajan alrededor de 50 personas en el tren universitario”, dice Delucchi a la vez que enumera cómo se distribuyeron los gastos que implicó la puesta en marcha: los paradores los pagó el Gobierno de la Provincia; la Municipalidad colaboró con la traza, mantenimiento y limpieza y la UNLP realizó un sistema de seguridad con un procedimiento de detección del paso del tren a través de la señalización fonolumínica que puede verse a lo largo de todo el recorrido. Pero la inversión inicial fue poca, se hizo todo con personal y material rodante de la línea Roca de la empresa estatal Ferrocarriles Argentinos, operada por la cartera nacional de Transporte.

Los estudiantes que no pueden hacer uso del tren universitario, y tienen que trasladarse en colectivo o en auto, pierden tiempo y dinero. De todos modos, para aquellos que viven en puntos de la ciudad donde nunca llegará el recorrido, el servicio no tiene ninguna utilidad.

“Yo hasta la facultad me voy en micro. Vivo en la zona de Plaza Italia y el tren universitario no me sirve”, dice Aylen, una estudiante de Veterinaria.

Con el objetivo de beneficiar a mayor cantidad de usuarios, se están realizando gestiones para ampliar el recorrido. El proyecto, impulsado por integrantes de la Junta Vecinal por la Reactivación del ramal La Plata-Brandsen, pretende extenderlo hasta la localidad de Hernández, con paradas intermedias en Tolosa, Ringuelet y Gonnet Oeste.

Por su parte, los vecinos del barrio Meridiano V también se organizaron en el afán de extender el recorrido. Procuran que el tren universitario llegue hasta la Estación Provincial de 17 y 71 y para eso, a través de las redes sociales, realizaron una exitosa campaña bajo el lema #TrenUniversitarioAMeridiano.

“Esta traza se está evaluando”, dice Delucchi, “pero faltan adaptar los pasos a nivel y los cruces”. Por ahora esperan la evaluación por parte del ministerio del Interior y Transporte, de un expediente firmado por el Intendente de La Plata, las autoridades de la Universidad y más de 2.000 vecinos de la Ciudad.

Mientras tanto, el tren universitario sigue su viaje. La siguiente parada es Medicina y hasta allí se dirigen Mateo, Alejo y Matías. Tres amigos a los que no les crece la barba, y que por su fisonomía y los guardapolvos blancos que visten, en vez de futuros doctores parecen alumnos de séptimo grado. Los tres están en tercer año, y después de cursar, volverán a tomar el tren para hacer las prácticas de clínica en el Hospital San Martín.

Tras la facultad de Periodismo, y antes de llegar a 66 y 120, la formación pasa a medio metro de un grupo de viviendas precarias. Mientras el viaje continúa, con parada intermedia en diagonal 73, los paisajes se vuelven urbanos. Los banderilleros cortan las calles, pero la formación es tan corta que no se alcanzan a formar filas de autos. Para dar fin al recorrido, por Circunvalación el tren llega hasta el Policlínico. Allí se bajarán los pocos que quedaron y subirán algunos otros que desde esa zona realizan el mismo recorrido pero en sentido inverso.

DOS AÑOS

El tren universitario cumple dos años. El balance, en definitiva, es desparejo. Arrancó con dificultades operativas y con un esquema de frecuencias que para muchos resulta difícil de acomodar con los horarios de cursadas.

No es raro verlo pasar semi-vacío. “Al principio yo intenté tomarlo pero la verdad es que no me resultó. Casi nunca me coincidían los horarios del tren con los de las cursadas”, cuenta Gastón, un estudiante de Medicina que vive cerca de la estación de trenes. Ahora prefiere alternar entre la bici y el micro.

Dentro de una hora, el tren volverá a pasar.

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